5/7/26
Autores
César Cantalapiedra
Socio director de Finanzas Públicas de Afi

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Publicado en 
El País

El transporte público ha pasado de centrarse en el servicio y las tarifas a convertirse en un elemento clave de la estrategia climática europea. Entre 2026 y 2030 deberá crecer y reducir emisiones al mismo tiempo, impulsado por medidas como la electrificación de flotas, el precio del carbono y los objetivos del PNIEC.

Esta transformación exige importantes inversiones en vehículos, infraestructuras de recarga y ampliación de la capacidad, además de un aumento de los costes operativos. Según las estimaciones, estos gastos crecerán un 36 % hasta superar los 10.000 millones de euros anuales, mientras que la inversión necesaria alcanzará los 16.500 millones de euros.

Para afrontar este reto será imprescindible un sistema de financiación estable y coordinado entre las distintas administraciones, con recursos suficientes y previsibles.

Invertir en transporte público reduce emisiones, mejora la calidad del aire, disminuye la dependencia energética y favorece la cohesión social. Por ello, el principal desafío de la transición ya no es tecnológico, sino financiero.

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