Una nueva oportunidad
Desde el ingreso de España en 1986 en la entonces Comunidad Económica Europea, creada en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, Europa ha sido para nuestro país una red de seguridad, una asociación de ayuda mutua, una unión solidaria y, cómo no, una relación también sujeta a compromisos, exámenes y retos.
En 1993 con el Tratado de Maastricht el proceso de integración avanzó para conformar la Unión Europea, comunidad no solo de carácter económico sino también político, lo que implicó dotarse de instituciones y reglas para una gobernanza en común, delegando gradualmente espacios de soberanía a dicho ente supranacional. Uno de los ejemplos de dicha delegación fue la adopción de una moneda común en 2002.
Durante los veinte años que distan de ese momento histórico, no han sido pocos los vaivenes, cambios de velocidad, discrepancias e incluso cuestionamientos sobre el futuro de la Unión Europea. Nunca ha llegado a cuestionarse su razón de ser, pero sí su alcance, intensidad y permanencia de dicha Unión. Las decisiones adoptadas por las instituciones europeas tras la Gran Recesión fueron más dolorosas para unos Estados miembros que para otros. La decisión de Reino Unido de abandonar la Unión Europea fue muy dolorosa -y sorprendente- para el conjunto, demostrando que los riesgos de desapego son reales.
Ha sido la crisis de la Covid-19 la que ha reconfirmado, porque ha sido muy visible y comprensible para todos, el extraordinario sentido que tiene ser parte de la Unión Europea. El lema "la unión hace la fuerza" ha sido ejemplificado durante toda la pandemia.
Hoy nos encontramos inmersos en el aprovechamiento del Next Generation EU, estructurado en el Mecanismo para la Recuperación y la Resiliencia y el REACT EU, dotados conjuntamente con 750.000 millones de euros para apoyar la inversión y las reformas en los Estados Miembros para lograr una recuperación sostenible y resiliente.
La ayuda, de dimensiones históricas, solo financia gastos no recurrentes que supongan un cambio estructural y que tengan un impacto duradero sobre la resiliencia económica y social, la sostenibilidad, la competitividad a largo plazo y el empleo. La ayuda también implica que la colaboración público-privada sea el eje articulador de nuestra particular hoja de ruta, la que establece el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.
Esta es una nueva oportunidad de modernización de nuestra economía que debemos aprovechar sin dilación. Los artículos que hemos preparado en esta edición de la revista procuran contribuir a este propósito.

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