Ser de Afi

Desde que se fundó, Afi se ha construido sobre la base de una serie de rasgos y atributos muy marcados y concretos.

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Libertad, responsabilidad y autonomía

Estos tres pilares son fundamentales para crear un entorno de desarrollo profesional adecuado. Afi fomenta un entorno en el que se da libertad para actuar, se otorga responsabilidad sobre lo que uno hace y autonomía para llevar a cabo cualquier empresa. Este entorno, unido al talento de nuestro equipo, es el contexto ideal para el desarrollo profesional. Defendemos que la gente buena se motiva sola, pero hay que darle un contexto que le incentive a seguir creciendo.

La responsabilidad en Afi no se da, se toma. Hay muchos ámbitos en los que se puede aportar y es importante generar un contexto en el que cualquiera que proponga una iniciativa razonable disponga de un espacio para desarrollarla.

Generar espacios de libertad y autonomía es un catalizador de la innovación, transformación y crecimiento de la empresa.

Lógicamente, la libertad y la autonomía son facultades que hay que conjugar con la responsabilidad. Esta responsabilidad nos ayuda a minimizar errores, trabajar en equipo, y alinear nuestras capacidades e intereses con los de la organización.

Reconoce tus limitaciones

Cuando nos apoyamos en otros es muy importante saber que podemos confiar en ellos. En ocasiones, las personas tienden a no reconocer limitaciones por vergüenza o miedo. Es mucho peor causar un problema por habernos comprometido por encima de nuestras posibilidades, que reconocer una limitación. Obviamente, esto es totalmente compatible con nuestra obligación de formarnos, adquirir nuevas capacidades, y estar disponibles para el resto.

Las limitaciones de unos son las fortalezas de otros; en eso radica el valor de un equipo. La diferencia entre una cadena de montaje y el trabajo en equipo es que el trabajo en equipo genera sinergias por encima de las individualidades sin prestar atención a las limitaciones sino a las fortalezas de cada individuo.

Comportamiento ético

El comportamiento ético es un pilar fundamental que ha de guiar todas nuestras acciones y decisiones. Creemos firmemente que la libertad, la autonomía y la responsabilidad deben ir siempre acompañadas de un comportamiento ético. Actuar con integridad no solo es esencial para mantener la confianza de nuestros clientes, socios y compañeros, sino que también es una de las bases sobre las cuales se construye nuestro éxito a largo plazo.

Cada uno de nuestros empleados es responsable de cumplir de forma estricta con la normativa vigente y de adherirse a los más altos estándares éticos en todas las interacciones y transacciones. Esto incluye el respeto absoluto a los contratos, la discreción, la protección de la información confidencial, y la garantía de que los intereses de nuestros clientes siempre sean priorizados y resguardados.

Un comportamiento ético también significa reconocer y afrontar cualquier conflicto de interés, actuar con transparencia y asegurarse de que todas las decisiones y acciones contribuyan al bienestar y la confianza de quienes depositan su confianza en nosotros.

Gestiona bien los errores de tu equipo

Un marco de entusiasmo por la innovación, autonomía y libertad como el nuestro es, probablemente, más proclive al error que estructuras más encorsetadas y procedimentadas. El desconocimiento, la falta de habilidades o el error no son directamente penalizables en Afi.

El error es una forma muy eficaz de aprendizaje, cuando se es responsable y honesto; el problema es que esta forma de aprendizaje es carísima y, por tanto, deberíamos emplearla con mucha cautela. Las tres reglas fundamentales que tenemos en cuenta cuando nos enfrentamos a un error son:

  • Identificarlo y comunicarlo de forma inmediata. Los efectos de los errores, generalmente, crecen a medida que pasa el tiempo. Cuanto antes sabemos que se ha producido un error, más sencilla será su gestión.
  • Aprender del error lo máximo
  • Poner los medios para que el error no se vuelva a producir. Analizar y compartir errores de forma abierta con el resto del equipo, y reflexionar sobre qué medidas lo evitarán en el futuro es una práctica que denominamos “post-mortem” y que ayuda mucho a crecer y mejorar la calidad de lo que hacemos.

Enfadarse es una reacción natural al error, pero no es una práctica de gestión, ni contribuye a la mejora o el aprendizaje. Si alguien de nuestro equipo falla, no traslades enfado, sino información clara de por qué se ha fallado y cómo se podría haber evitado el error.

Si alguien no está cumpliendo con lo que la organización le exige, se lo hacemos saber de forma clara y explícita.

Aunque entendemos que la gestión del error se tiene que hacer como hemos comentado, es importante distinguir esos errores con estas acciones o actitudes, que penalizamos de forma grave:

  • La falta de atención.
  • La reiteración en los mismos errores.
  • La negligencia.
  • La falta de agilidad para asimilar conocimientos o habilidades.
  • La falta de respeto.
  • El egoísmo.
  • Actuar en contra de los intereses de la empresa.

Explica los noes

Una de las principales funciones de un responsable es asegurarse de que la gente de la que depende esté motivada. Es muy desmotivador trabajar con la sensación de que uno no es escuchado, y peor aún la sensación de que la organización pierde oportunidades de mejorar. Por eso es muy importante que, cuando deneguemos algo, expliquemos adecuadamente el motivo de la negativa. Estas explicaciones son importantes para el aprendizaje del equipo y, también, para mantener el interés por proponer, por discrepar y por ser proactivos.

Una discrepancia no es un enfrentamiento. Cualquier opinión diferente a la propia es una oportunidad para poner en contraste tus ideas. Escuchamos tratando de evitar prejuicios y presuposiciones, y permitimos al otro expresar su planteamiento de forma completa antes de exponer nuestros argumentos.