Ser de Afi

Desde que se fundó, Afi se ha construido sobre la base de una serie de rasgos y atributos muy marcados y concretos.

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Carrera sostenible

La visión del socio: Afi es un legado

Afi es la ilusión de un proyecto compartido. Con el auspicio de Gesmosa, un antiguo bróker del mercado monetario perteneciente a un grupo de las antiguas cajas de ahorros, este proyecto se inició en 1987 bajo el liderazgo de Emilio Ontiveros, a quien acompañaron desde el primer momento Ángel Berges y Paco Valero. Muy poco después se incorporó Daniel Manzano. A partir de 1992, todos ellos compartieron como socios profesionales el 50% de la propiedad tras la compra de esa participación a Ahorro Corporación, holding financiero de las cajas de ahorros donde se había integrado Gesmosa. Desde entonces, muchos otros socios nos hemos ido incorporando al proyecto con el mismo propósito común: hacer de Afi una empresa rentable en la que merezca la pena trabajar. En 2014, los socios de Afi adquirimos el total de las acciones que aún pertenecían a Ahorro Corporación, iniciando una etapa en la que la totalidad de Afi está en manos de los socios profesionales que formamos parte de ella. En 2016 se inicia una transición entre la primera y la segunda generación de socios de Afi, que adquirimos el compromiso y la responsabilidad de preservar el legado, mejorándolo y haciéndolo crecer, manteniendo sus principios fundamentales.

Todos los socios de Afi hemos empezado nuestra relación con la empresa como empleados sin ningún tipo de propiedad. Al igual que cualquier otro, hemos tenido que conjugar nuestro tiempo y nuestro esfuerzo entre el proyecto profesional y el personal. Ese enfoque de encaje vital es irrenunciable en una empresa que tiene la fortuna de que no obedece ni responde a los intereses de accionistas (anónimos o no) ajenos al grupo de trabajadores que formamos parte de la empresa.

El socio de Afi obtiene de su trabajo (y de su compromiso con la empresa mediante la relación accionarial) mucha más retribución que la económica. El crecimiento personal, la satisfacción de las cosas bien hechas, compartir un proyecto, contribuir a la creación de riqueza y generar bienestar son tan importantes como el rédito económico. La cuenta de resultados de Afi tiene que estar equilibrada tanto en lo tangible como en lo intangible, y la única forma de lograrlo es que este equilibrio trascienda la faceta profesional y se logre en todas las dimensiones de las personas que formamos parte del proyecto. La vida profesional y la vida personal no son disgregables, porque se unen en la misma persona y en la misma vida. Por ese motivo, quienes tenemos la responsabilidad de enriquecer el legado de Afi tenemos la responsabilidad de crear un contexto en el que todos encontremos nuestro sitio, y un encaje entre nuestra individualidad y la colectividad de la empresa.

Un valioso aprendizaje que recibimos de quienes nos han traído hasta aquí es que, como dice el refranero popular (y repetía Emilio Ontiveros), “es de bien nacidos ser agradecidos”. Más allá de que la gratitud es señal de educación y nobleza de carácter, reconocer a quienes nos han precedido es una forma de recordarnos lo que somos, de tratar de repetir fórmulas de éxito y de evitar actitudes que nos conduzcan al fracaso. Una forma de agradecimiento y reconocimiento es seguir contando con quienes han tenido la generosidad de hacer esa transición generacional. La experiencia y la posibilidad de aportar una visión con perspectiva son valiosísimos recursos para nuestra organización. La obligación principal de la segunda generación de socios de esta empresa es asegurarnos de construir una tercera generación a la que transmitir el legado.

Todo tiene que encajar

Como hemos dicho antes, el éxito es imposible si se disgrega vida personal y vida profesional, porque ambas se entrelazan y se retroalimentan.

Un trabajo es una función que responde a estas preguntas: “¿me satisface lo que hago?”; “¿me satisface con quién lo hago?”; “¿me satisface por cuánto lo hago?”; “¿me satisface cómo lo hago?”. Si estas cuatro preguntas no tienen una respuesta satisfactoria, muy difícilmente se van a compensar entre sí.

Al margen de las preguntas anteriores, hay que hacerse otra más importante: “¿mi trabajo me permite encajar ‘todo lo demás’?”. Desafortunadamente, nuestro tiempo es limitado y una vida no da para satisfacer todas nuestras inquietudes. Hay que elegir y equilibrar, sabiendo que el trabajo es nuestra principal fuente de generación de recursos económicos y, bien enfocado, fuente de muchas otras satisfacciones. Una vida profesional satisfactoria es una base excelente para una vida personal satisfactoria, y viceversa.

Pensamos que quien dice “yo no vengo al trabajo a hacer amigos” se engaña o está confundido. La perspectiva de un futuro de años malgastados en tareas y con personas que no te generan ningún interés es muy poco halagüeña.

Ayuda a conciliar

La conciliación es un objetivo que no puede alcanzarse sin la colaboración de aquellos con quienes trabajamos. Para contribuir a una conciliación real, es imprescindible respetar de forma escrupulosa el tiempo de descanso y horarios de quienes trabajan con nosotros.

Una carrera por empleado

El éxito profesional (y empresarial) no se construye a través de un proceso determinista. Nadie nos dice qué tareas tenemos que completar ni “qué temario entra” para ofrecer soluciones que ayuden a nuestros clientes. Nuestro éxito profesional depende principalmente de tu capacidad de adaptación, en el sentido más amplio del término.

Como se ha comentado antes, este es uno de los motivos por los que en Afi no tenemos una estructura jerárquica fija, ni siquiera matricial, y nos organizamos según cadenas de responsabilidad. Esta flexibilidad a la hora de organizar estructuras y dependencias se aplica también a la hora de establecer carreras profesionales en Afi.

La carrera profesional tiene muchas facetas y atributos, más allá de las habilidades técnicas. Tradicionalmente, las sociedades de profesionales, como es la nuestra, se articulaban en base a categorías y, a medida que uno aumentaba de categoría, iba reemplazando tareas de ejecución de proyectos por tareas de gestión para, posteriormente, acceder a tareas comerciales. En nuestra opinión, hacer a nuestros empleados asociar el concepto de éxito profesional al desarrollo de habilidades comerciales es un error que frustra a muchos, drena valor y no es justo desde el punto de vista de valoración de la contribución que cada uno de nosotros hacemos a la empresa.

Por ese motivo, en Afi entendemos que la carrera profesional de cada uno de nuestros profesionales es única y tiene que ayudar a alinear sus habilidades y capacidades con las necesidades de la empresa. En este sentido, hace años que desarrollamos un modelo de evaluación que cubre la totalidad de habilidades que consideramos que tiene que aunar un profesional de Afi (capacidad técnica, capacidad de trabajo en equipo, liderazgo de proyectos, contribuciones organizativas, habilidades comerciales y otras 30 habilidades más). Aunque hay algunas habilidades y valores que son básicos e irrenunciables, no esperamos que todos nuestros empleados cubran todas las habilidades, sino que cada uno se desarrolle en aquellas para las que tiene mayor potencial. Esforzarse en maximizar capacidades con alto potencial contribuye en gran medida a la felicidad profesional y, por tanto, a que el esfuerzo sea sostenible en el tiempo, de manera indefinida.

Este modelo de carrera y de evaluación genera, en ocasiones, singularidades que no se dan en otras organizaciones. Algunos de nuestros empleados, que no tienen interés ni potencial para el desarrollo de habilidades comerciales, juegan igualmente un papel fundamental para nosotros, aportando un valioso liderazgo técnico y de ejecución que se traduce en una retribución que, en ocasiones, puede llegar a superar la de algunos socios de nuestra organización.

Miramos a largo plazo

Como es obvio, mientras se afrontan retos profesionales, se afrontan, a la vez, retos vitales. En ocasiones, esos retos vitales afectan a nuestra faceta profesional.

En Afi consideramos que, cuando se producen situaciones personales que afecten al desempeño profesional, es una obligación de la empresa ofrecer al empleado una conversación franca y honesta, y buscar una solución que lo encaje todo. En la mayor parte de los casos, conseguimos que todo encaje. Muchos de nosotros tenemos una vida muy rica y exigente tanto profesional como personal, y podemos organizarnos de manera flexible y eficiente para satisfacer ambas partes.

Las situaciones personales que afectan a nuestra faceta profesional son, en muchos casos, puntuales o temporales. Empresa y empleados tenemos que ser justos y mirar a largo plazo cuando juzguemos el impacto de estas circunstancias en nuestra situación profesional.

Generosidad

Casi siempre, las personas pagan generosidad con generosidad. El éxito de un proyecto compartido como el nuestro se mide por su impacto en las personas que formamos parte de él. Desde nuestra fundación, tenemos claro que, a largo plazo, es imposible prosperar “a costa de”. En Afi sabemos que las cosas salen “gracias a” empleados, clientes y proveedores. Rodearnos de gente generosa ha sido un factor clave para nuestra evolución, y ha generado grandes rentas para todos los que hemos sido, en primer lugar, generosos con el proyecto y con las personas que formamos parte de él.

Ser generoso no es ser ingenuo, sino entender que trabajar para el bien común maximiza el bien individual. Por ese motivo, penalizamos toda actitud de egoísmo y tratamos de evitarla dentro de nuestra organización.

Inspira a tus compañeros. Todos somos un ejemplo

Desde el momento en que se forma parte de Afi, el comportamiento del empleado tiene un impacto en el resto de la organización, al margen de tu función y nivel de responsabilidad. Es erróneo pensar que solo quienes dirigen la empresa son una referencia y un ejemplo para los demás. Al igual que la fuerza gravitatoria, nuestra influencia no depende solo de nuestra masa, sino de nuestra distancia. Por ese motivo, somos conscientes de que se tiene mucha más influencia en la gente con la que se trabaja más cerca y con mayor frecuencia y tratamos, siempre, de ser ejemplares.