Remedios y enfermedades
La enfermedad la tenemos bien presente: una tasa de inflación desmedida, desconocida desde los 80. No es precisamente algo específico de la economía española o europea y, aunque sus causas sean distintas, su persistencia amenaza el crecimiento económico global. Lo hace, en gran medida, por el impacto que el remedio fundamental origina: el endurecimiento de las políticas monetarias de los bancos centrales, elevaciones de tipos de interés y retiradas de los programas de compras de bonos, fundamentalmente. En la dosificación y distribución temporal de esos remedios radica el riesgo de que acaben provocando males peores, como una recesión sin ir más lejos. En EE.UU. el periodo de presidencia de la Fed por Paul Volcker, de 1978 a 1987, es ahora continuamente evocado, en especial la recesión que provocó para contener la inflación descontrolada.
El caso más amenazante es el de EE.UU. Es allí donde la inflación inició su galopada y donde sus determinantes están más vinculados a la pulsión expansiva de la demanda interna y al comportamiento de un mercado de trabajo cercano al pleno empleo. La Reserva Federal ya ha mostrado su disposición a seguir endureciendo las condiciones monetarias, elevando tipos de interés de forma considerable, la última en tres cuartos de punto. Los mercados de bonos y de acciones también han dado cuenta de ese cambio de orientación con bajadas pronunciadas en sus cotizaciones. Las empresas apenas han tenido tiempo para esa adaptación, desde políticas monetarias favorables al endeudamiento a otras claramente penalizadoras. Episodios de inestabilidad financiera y contracción del ritmo de crecimiento económico seguirán siendo consecuencias más que probables de esas decisiones de los bancos centrales.
Las cosas en la eurozona son algo distintas, a pesar de que también estamos viendo tasas de inflación desconocidas, cercanas al 9%. Desde luego, las causas de la elevación de los precios no son las mismas: la inflación importada es mayoritaria, tiene poco que ver con tensiones en la demanda interna o problemas en los mercados de trabajo. Han sido los precios energéticos los principales responsables de ese tirón al que, efectivamente, luego han acompañado otros componentes de la inflación.
El otro elemento diferencial son las consecuencias del endurecimiento monetario que también el BCE ha convenido en aplicar, dado el distanciamiento de esa tasa de inflación de la referencia del 2%. Aunque a ritmo y en cuantías distintas, la elevación de tipos es un hecho y también la retirada de las compras de activos en los mercados secundarios. Fue precisamente este último anuncio el que provocó una ampliación de los diferenciales de tipos en los bonos, especialmente entre el italiano y el alemán de referencia. Ello obligó a esa reunión de emergencia del consejo de gobierno del BCE anunciando una segunda edición del "whatever it takes" advertido por Mario Draghi en 2012. En esta ocasión, la presidenta Lagarde anunció la creación de un nuevo mecanismo destinado a la compra de bonos de aquellos emisores soberanos penalizados por los mercados. Ocasión tendremos de analizarlo en estas mismas páginas.
Bienvenida pretensión para evitar la "fragmentación financiera" en la unión monetaria. Pero quizás no sea suficiente para evitar que el esperado endurecimiento monetario, además de contribuir al control de la inflación, no provoque males peores a los que la invasión de Ucrania ya está ejerciendo en las economías europeas.
Emilio Ontiveros, presidente de Afi y catedrático emérito de la UAM.

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