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19/11/21
Autores
Javier Garilleti

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Este artículo forma parte de Empresa Global
Empresa Global nº217 - Noviembre 2021

Vivimos en tiempos exigentes y confusos. Un momento donde coinciden los retos más exigentes a los que hemos hecho frente como sociedad, con el mayor potencial para resolverlos a través de capacidades nunca imaginadas para generar y proporcionar soluciones sostenibles, innovadoras y de impacto global.

No podemos dejar de tener presente que el cómo gestionemos esta intersección de retos y capacidades determinará, de modo definitivo, nuestra capacidad para construir un futuro viable y sostenible para nuestras sociedades. Y esta responsabilidad no es exclusiva de gobiernos y organismos supranacionales cuyo papel principal es, en definitiva, regular y generar las condiciones para el adecuado funcionamiento de las sociedades y países. Esta responsabilidad es, también, de las empresas, en la medida que su papel en esencial en cualquier debate social y económico, y exige su iniciativa y participación decidida y comprometida a la hora de impulsar un diálogo productivo entre los distintos actores públicos y privados con capacidad de crear las condiciones para el desarrollo de las soluciones a retos que comprometen, para lo bueno y lo malo, el futuro de todos.

Estas soluciones se van a caracterizar -de hecho, ya lo están haciendo- por su planteamiento desde un enfoque presidido por la Sostenibilidad. Pero desde un concepto de Sostenibilidad más complejo y sistémico. Sostenibilidad entendida como una visión, una política y una estrategia que busca integrar la creación de valor económico, social y medioambiental a través de modelos que faciliten el equilibrio en todos los niveles del sistema mundial que es nuestra sociedad.

Para el mundo empresarial; que ha mostrado, en el mejor de los casos, un tibio compromiso -cuando no, un abierto escepticismo- su realidad ha cambiado radicalmente, dándoles un protagonismo en la gestión de lo común que es nuevo para muchas de ellas, dirigidas por gestores habituados a un concepto de responsabilidad fiduciaria, y que, de repente, se enfrentan a la responsabilidad frente a los grupos de interés.

En este nuevo y cada vez más complejo entorno, las empresas se enfrentan a nuevos condicionantes que pueden incidir seriamente en su capacidad de operar y generar valor. ¿Cuáles son algunos de los rasgos de este nuevo entorno?

  • Una difícil relación de la sociedad y el ciudadano con las empresas e instituciones, generada después de múltiples escándalos que han minado la confianza hacia éstas: la sospecha permanente.
  • La revolución digital, que impulsa más y más la capacidad de generación, tratamiento y acceso a la información a una sociedad que demanda conocimiento: la sociedad transparente.
  • Un activismo creciente de los grupos de interés que, frente al fracaso de muchas de las instituciones que deben representar los intereses de la sociedad, han decidido tomar la iniciativa: la sociedad militante.
  • Un mundo de redes sociales, en el que los ciudadanos se auto organizan y trasladan la confianza y la credibilidad a sus pares: la sociedad interconectada.
  • Una demanda insistente de transparencia, ética y buen gobierno, tanto por parte de los ciudadanos hacia los sistemas políticos y sus instituciones, como por parte de los inversores hacia mercados donde existe la percepción de que una creciente asimetría de información y poder: la institucionalización de la desconfianza.
  • La sensibilidad creciente hacia la relevancia y el valor de la marca y los riesgos que genera sobre ella este nuevo entorno: la sociedad simbólica.
  • El renacimiento de modelos políticos disruptivos, que, en la mayoría de los casos, operan con planteamientos anti-sistema: el populismo.

Este entorno genera nuevas demandas de múltiples grupos de interés, a las que se puede responder desde la Sostenibilidad y una visión ESG (medioambiental-E, social-S y de buen gobierno-G):

  • Desde el punto de vista de los inversores, los enfoques ESG se están haciendo dominantes porque refuerzan el control de riesgos y la seguridad de las decisiones de inversión.
  • Los políticos toman decisiones sobre las empresas sin considerar plenamente las implicaciones económicas y de percepción de los mercados. Es necesario que estos sean conscientes del papel de las empresas en la solución de los retos globales si queremos agilizar la movilización de las ingentes cantidades de capital que se requieren para la transformación del sistema productivo que requiere la transición climática.
  • La sociedad demanda a las organizaciones privadas y empresas un mayor compromiso social y medioambiental. Entiende que tienen un papel esencial en la gestión de los retos comunes.
  • Los consumidores empiezan a estar dispuestos a premiar o penalizar por criterios no comerciales a las compañías.
  • El talento directivo y profesional prefiere trabajar en empresas con un perfil de compromiso social que impacte positivamente en su "marca personal".

En este entorno, surge la Sostenibilidad como una visión, una estrategia y un modo de entender la creación de valor:

  • Un modo de entender la gestión del sistema económico y social global que busca reducir los desequilibrios en los diferentes niveles -económico, social y medioambiental-, para garantizar su supervivencia.
  • Una estrategia empresarial que persigue garantizar la consecución de los objetivos empresariales y la generación de valor económico integrando, a la vez, la protección y sostenibilidad de los entornos sociales y medioambientales esenciales para su propio futuro, el de sus operaciones y el de sus grupos de interés.
  • Un modelo de creación de valor más complejo, equilibrado e integral -económico, social y medioambiental- que busca generar valor a largo plazo para todos los grupos de interés.

Ahora, cuando el entorno se ha vuelto especialmente complejo, es cuando debemos entender que la Sostenibilidad no es, ni puede ser, una herramienta de marketing a corto plazo, sino una palanca que afecta no sólo a la viabilidad de las compañías, sino, sobre todo, a cómo será la sociedad y el entorno futuros, el nuestro y el que legaremos a los que vendrán después de nosotros. Es el momento de un liderazgo responsable.Es el momento de un liderazgo responsable.

Javier Garilleti es socio de Lead by Thought, Codirector del Programa Ejecutivo de Sostenibilidad y ESG de AFI Escuela de Finanzas.

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