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Dinero programable: el impacto real en pagos, mercados e inversión

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El dinero que usamos ya es digital. El salto aparece cuando el pago incorpora las condiciones de la operación y puede coordinarse con el activo que se entrega.
Los depósitos tokenizados, el dinero digital de banco central y los tokens ligados a una divisa forman parte del cambio, pero no ofrecen la misma programabilidad ni tienen el mismo riesgo.
El 9 de julio de 2026, Swift anunció que 17 bancos de seis continentes preparaban operaciones reales con depósitos tokenizados (derechos frente a un banco representados mediante tokens) para realizar pagos transfronterizos las 24 horas. El 19 de agosto, el Banco Central Europeo (BCE) seleccionó a 61 participantes para el grupo de Appia, la iniciativa estratégica del Eurosistema para diseñar un ecosistema europeo de mercados mayoristas tokenizados. Las dos fechas marcan la transición: ya no se discute solo la tecnología, sino qué dinero liquidará las nuevas operaciones.
Un recordatorio necesario: qué es el dinero programable
Una transferencia de la Zona Única de Pagos en Euros (SEPA) ya mueve saldos electrónicamente. El dinero programable añade otra capacidad: el pago se ejecuta automáticamente al cumplirse condiciones acordadas mediante contratos inteligentes, programas que aplican esas reglas sin una nueva instrucción manual.
La ventaja no es la velocidad, sino que desaparece el hueco entre pagar y recibir. Un ejemplo sencillo: hoy, una empresa que compra una partida de mercancía ordena la transferencia SEPA cuando alguien de su equipo confirma que el pedido ha llegado y coincide con la factura. Median una comprobación manual, un plazo de pago y una ventana en la que el proveedor ya ha entregado y todavía no ha cobrado. Con dinero programable, la condición viaja dentro del propio pago: los fondos quedan comprometidos desde el inicio y se liberan solos cuando se registra la entrega. El proveedor deja de financiar ese plazo y el comprador deja de necesitar un aval que respalde su promesa.
La tokenización es el soporte técnico que permite esa programabilidad. Representa derechos sobre dinero o activos en una tecnología de registros distribuidos (TRD), donde varias partes comparten un registro.
Como explicamos tras la autorización de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) en «La CNMV autoriza el primer mercado secundario en blockchain en España», un bono de 10 millones de euros puede dividirse en 10.000 tokens de 1.000 euros. En un sistema de negociación y liquidación (SNL), el contrato entrega los tokens solo al recibir el pago. Es una liquidación atómica: activo y dinero se intercambian a la vez o no se mueve ninguno. La lógica también sirve para pagar una mercancía tras validar su entrega o ajustar garantías durante la jornada.
Tres formas de dinero, tres propuestas distintas
El siguiente esquema sitúa cada forma de dinero según quién asume el pasivo. De todas ellas, este artículo se centra en las tres que pueden liquidar operaciones tokenizadas: depósitos tokenizados, dinero de banco central y stablecoins reguladas.
Esquema 1. Las formas del dinero: dinero público, dinero privado y criptomonedas

- Depósitos tokenizados: depósitos bancarios trasladados a una TRD, también llamados deposit tokens. El cliente mantiene un derecho frente al banco si la estructura preserva su naturaleza jurídica. Permiten pagos programables, pero exigen gestionar la liquidez bancaria 24/7. Dinero digital de banco central (CBDC, por sus siglas en inglés): dinero público emitido por el banco central sobre nuevas infraestructuras. Conviene separar sus dos variantes, porque no responden al mismo problema.
- La minorista —el euro digital en el caso del Eurosistema— sería de uso general para hogares y comercios, y aportaría un ancla pública, pero no sería dinero programable.
- La mayorista —dinero de banco central tokenizado, reservado a entidades financieras— no crea una moneda nueva: traslada a una TRD la liquidación que ya existe en banco central.
- Stablecoins reguladas: tokens privados que buscan mantener un valor estable frente a una moneda y cuyo reembolso depende del emisor y sus reservas. En la Unión Europea, el Reglamento relativo a los Mercados de Criptoactivos (MiCA) denomina e-money tokens (EMT), o tokens de dinero electrónico, a los referenciados a una moneda oficial. Aportan circulación continua y programabilidad plena.
Lo relevante en las stablecoins ya no es solo el tamaño, sino quién está entrando. Qivalis reúne a bancos europeos para emitir un EMT en euros e incluye siete entidades españolas. Swift y Appia amplían la red institucional. También han entrado plataformas de pago, grandes empresas tecnológicas y grupos de comercio. Ya no es un ámbito exclusivo de emisores nacidos en el ecosistema cripto.
La adopción institucional todavía convive con un uso concentrado. El informe del BCE From money market funds to stablecoins: lessons for central banks (1 de junio de 2026) atribuye el 88% de los usos a negociación de criptoactivos y solo el 5% a pagos. El interés institucional y el uso efectivo no avanzan al mismo ritmo.
El siguiente gráfico refleja que el crecimiento del mercado de stablecoins sigue acompañado de una elevada concentración. Pese a la aparición de nuevos instrumentos, USDt (Tether) y USDC (Circle) mantienen un claro predominio, lo que confirma el peso estructural del dólar en este mercado.
Gráfico 1. El crecimiento de las stablecoins sigue concentrado en dos instrumentos vinculados al dólar

Dinero público europeo: dónde entra la programabilidad y dónde no
En el plano minorista, el BCE descarta expresamente el dinero programable. El euro digital no podría limitarse a un uso, un comercio o una fecha. Una tarjeta restaurante sí es programable porque restringe el gasto. Una domiciliación condicionada que activa el usuario (pagar al recibir un pedido) no lo es: el dinero sigue siendo general y la condición es un servicio del intermediario. El proyecto ha avanzado en el plano legislativo: el 9 de julio de 2026, el Parlamento Europeo respaldó su mandato para negociar con el Consejo, pero el reglamento aún no está aprobado. El calendario del BCE presupone su adopción en 2026, un piloto desde el segundo semestre de 2027 y una posible primera emisión en 2029. La decisión llegará después de aprobarse la norma.
En el plano mayorista no hay un producto denominado formalmente «euro digital mayorista»; el Eurosistema habla de dinero de banco central tokenizado. Hay liquidación en dinero de banco central sobre TRD. Appia estudia a largo plazo cómo diseñar ese ecosistema y prevé plasmar esa visión en un documento estratégico en 2028. Pontes es la solución operativa del Eurosistema para conectar las plataformas TRD con los servicios TARGET. Su lanzamiento inicial está previsto para el tercer trimestre de 2026 y permitirá liquidar el tramo de efectivo en T2, el sistema de liquidación bruta en tiempo real del Eurosistema, o mediante tokens de efectivo del banco central en una plataforma TRD del propio Eurosistema.
En la capa pública europea la programabilidad entra por la liquidación y por los contratos inteligentes, no porque el dinero del banco central sea programable. Ahí está la diferencia: el dinero público aporta el activo de liquidación; las condiciones las escribe la infraestructura. La programabilidad plena sigue estando hoy en el dinero privado tokenizado.
Qué cambia para gestoras, banca e inversores
Para las gestoras, el primer cambio es operativo. Van a tener que decidir qué dinero se acepta para suscripciones, reembolsos y garantías; quién lo custodia; y cómo encaja una operativa 24/7 con la valoración y la liquidez del fondo. La banca deberá elegir entre emitir depósitos tokenizados, participar en un EMT o conectar ambas vías. El inversor tendrá que comprobar quién debe el dinero y cómo puede reembolsarlo.
En cuanto a los riesgos, en las stablecoins importan la concentración de emisores, las reservas y el reembolso. En los depósitos tokenizados, una transferencia más rápida puede acelerar salidas y elevar la liquidez intradía necesaria. En todos los modelos siguen abiertas la interoperabilidad entre redes, la fragmentación, la ciberseguridad y el tratamiento prudencial.
Estados Unidos impulsa el dinero privado; China prioriza el yuan digital público; Europa combina regulación, dinero bancario y liquidación en banco central. Nuestra lectura es que la ventaja corresponderá a la infraestructura que combine confianza, liquidez e interoperabilidad, no al token que más crezca.
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