28/5/26
Autores
Ángel Berges
Daniel Manzano

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Este artículo forma parte de Empresa Global
Nº 259, Junio 2026

La conjunción de un ciclo económico excepcionalmente favorable, la normalización de los tipos de interés tras años de represión financiera y el vigor renovado de los mercados ha deparado al sector financiero español los mejores resultados de las últimas dos décadas.

Un contexto macroeconómico excepcional

Rara vez coinciden tantos factores positivos de forma simultánea. España ha protagonizado desde 2022 uno de los episodios de crecimiento más vigorosos de la Unión Europea: con tasas de avance del PIB que han superado sistemáticamente las de Alemania, Francia e Italia, la economía española ha demostrado una capacidad de recuperación postpandemia que ha sorprendido incluso a los analistas más optimistas. El dinamismo del consumo privado, el despliegue de los fondos europeos Next Generation EU, el fuerte crecimiento del turismo internacional, pero también el excelente comportamiento de las exportaciones de servicios no turísticos, factores ambos que siguen apuntalando el mantenimiento de un sólido superávit exterior, han actuado como motores principales de esta expansión, de la que es exponente el propio mercado laboral que define tasas de ocupación en máximos históricos.

Este entorno de crecimiento robusto ha resultado ser el caldo de cultivo ideal para la actividad financiera. Cuando la economía real prospera, los bancos conceden más crédito con menor riesgo de impago, las aseguradoras amplían su cartera de clientes y el conjunto del sector ve aumentar orgánicamente sus volúmenes de negocio. La prima por riesgo soberano española se ha estrechado hasta niveles que no se recordaban desde antes de la crisis de la deuda de 2012, lo que ha reforzado adicionalmente la confianza de los inversores internacionales en nuestro sistema financiero, y ha supuesto la generación de importantes plusvalías para aseguradoras y bancos, detentadores ambos de una muy importante cartera de esa deuda pública española.

La normalización de los tipos: el gran catalizador del aumento de los márgenes bancarios

La crisis inflacionaria desatada por la conjunción de los cuellos de botella postpandemia y el impacto energético de la invasión rusa de Ucrania generó una incertidumbre considerable sobre el comportamiento de la economía y, por ende, sobre la calidad de los activos bancarios. Sin embargo, la rapidez con la que el BCE actuó y, sobre todo, la notable resiliencia de la economía española en su conjunto permitió reconducir la inflación sin que se materializara la recesión que inicialmente muchos temían.

Paradójicamente, el episodio inflacionario acabó actuando como catalizador adicional para la banca. La subida de precios “legitimó” la subida de tipos que tanto beneficiaría a las entidades financieras. De hecho, si hubiera que señalar al principal factor determinante en la mejora de resultados del sector bancario, ese sería sin duda la normalización de la política monetaria. Tras más de una década de tipos de interés en el entorno del cero —e incluso en terreno negativo entre 2014 y 2022—, el BCE inició en julio de 2022 el ciclo de subidas más rápido de su historia, llevando los tipos de referencia

  1. $desde el −0,5% hasta el 4% en menos de catorce meses.

Para la banca, este giro supuso una transformación radical de su cuenta de resultados. El margen de intereses, principal fuente de ingresos del negocio bancario tradicional se había comprimido durante años hasta niveles que hacían prácticamente inviable el modelo de intermediación bancaria tradicional. La subida de tipos reintrodujo una diferencia sustancial entre el coste de captación de recursos y el rendimiento de la inversión crediticia, permitiendo a las entidades recuperar una rentabilidad que, en muchos casos, no cubría el coste del capital desde la gran crisis financiera de 2008. A esa recuperación de la rentabilidad ha contribuido no menos la persistente reducción de las tasas de morosidad en el contexto mencionado de robusto crecimiento de la economía española.

Los datos hablan por sí solos: la práctica totalidad de grupos bancarios con presencia en España han publicado desde 2022 beneficios récord o próximos a máximos históricos de forma consecutiva. El margen de intereses agregado del sector ha crecido a tasas de doble dígito, y la rentabilidad sobre recursos propios (ROE) ha superado de forma generalizada el doble dígito, y alcanzado en varios casos el umbral del 15%, nivel que se consideraba inalcanzable hace apenas un lustro.

El sector asegurador: beneficiario silencioso del ciclo

Menos visible en el debate público que la banca, la industria aseguradora española ha vivido también un periodo extraordinariamente favorable. Las compañías de seguros se benefician de los tipos altos por una doble vía: de un lado, sus carteras de activos de renta fija —donde se invierte la mayor parte de las provisiones técnicas— ofrecen ahora rendimientos muy superiores a los de la era de tipos cero; de otro, la rentabilidad del negocio técnico se ha visto apuntalada por el dinamismo económico general.

El seguro de vida-ahorro, en particular, ha recuperado un atractivo que había perdido casi por completo durante la década de tipos cero. Con una remuneración de los depósitos bancarios muy por debajo de los tipos de mercado debido al excedente de liquidez de la banca en este periodo y los productos de ahorro asegurador compitiendo en condiciones más equilibradas, el sector ha logrado captar volúmenes crecientes de ahorro familiar

Por otro lado, el crecimiento económico y la mayor conciencia sobre los riesgos —acentuada tras la pandemia— han impulsado la demanda de productos aseguradores. Se ha observado un aumento en la contratación de seguros de salud –que ya venía mostrando un sólido crecimiento-, vida y protección, así como una mayor penetración de soluciones de ahorro a largo plazo. Este contexto ha favorecido tanto el crecimiento de primas como la diversificación de ingresos del sector.

El resultado ha sido un incremento sostenido del volumen de primas, del resultado técnico-financiero y de los índices de solvencia del sector. Las grandes compañías han presentado resultados sostenidos en el tiempo en estos últimos años que refuerzan la percepción de que el modelo de negocio asegurador ha salido fortalecido de la última década de turbulencias.

Los mercados financieros como telón de fondo

Un último elemento ha completado este cuadro favorable: el excepcional comportamiento positivo de los mercados bursátiles, a tiempo que los de renta fija han digerido en un periodo de tiempo razonablemente corto el deterioro sufrido con el intenso repunte de tipos de 2022. El Ibex 35, tras años de rezago respecto a otros índices europeos y americanos, ha vivido un proceso de revalorización notable que le ha llevado a marcar máximos no vistos en más de una década. Este dinamismo bursátil tiene un efecto directo sobre los ingresos por comisiones de las entidades financieras —gestión de fondos, banca privada, intermediación— y contribuye positivamente a los resultados de las carteras propias.

Para el sector asegurador, el buen comportamiento de los activos de renta variable bajo gestión —especialmente en los unit-linked y en los planes de pensiones— ha mejorado los rendimientos ofrecidos a los clientes de ahorro a largo plazo, reforzando la fidelización y el crecimiento de activos bajo gestión. La apreciación de los mercados ha actuado, en definitiva, como un multiplicador de los ya favorables efectos del ciclo de tipos.

Perspectivas: ¿sostenibilidad del ciclo?

El sector bancario ha demostrado una capacidad de adaptación notable: la diversificación de ingresos —con mayor peso de las comisiones y de los negocios de seguros dentro de los propios grupos bancarios— proporciona una base de resultados más robusta que en ciclos anteriores.

Por otra parte, la fortaleza financiera de las entidades —con ratios de capital en máximos históricos y tasas de morosidad contenidas— les otorga un margen de maniobra considerable para afrontar el más que previsible deterioro del ciclo que se derivará del shock energético y el incierto marco geopolítico actual. El intenso proceso de saneamiento y racionalización de la estructura productiva, primero en respuesta a la crisis financiera y posteriormente en el marco competitivo de la Unión Bancaria, ha generado estructuras más resilientes que las existentes antes de la crisis financiera. De hecho, el sistema bancario española ha pasado de ser el “paria” de Europa, y necesitado del mayor proceso de asistencia financiera, a ser actualmente líder europeo en eficiencia, rentabilidad y valoración por el mercado.

En el sector asegurador, la tendencia de largo plazo apunta a un crecimiento sostenido impulsado por el envejecimiento de la población —que incrementa la demanda de seguros de salud, dependencia y ahorro previsional— y por la brecha de protección existente en numerosos ramos. España sigue siendo un mercado con penetración del seguro por debajo de la media europea en varias líneas de negocio, lo que señala un potencial de crecimiento estructural que trasciende las condiciones coyunturales.

Conclusión

La banca y el seguro español atraviesan, sin exageración, una época dorada.

La confluencia de crecimiento económico diferencial, normalización de tipos de interés, contención de la morosidad, solidez de los mercados financieros y reconducción de la inflación ha generado un ciclo de resultados extraordinario que difícilmente se habría podido anticipar hace apenas cuatro años, en plena pandemia. El reto para el sector consiste ahora en utilizar esta excepcional generación de beneficios y capital para reforzar su transformación digital, mejorar la propuesta de valor al cliente y construir posiciones competitivas duraderas que no dependan exclusivamente de la favorable evolución del entorno macroeconómico.

Una época dorada

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