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José Manuel Amor

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Este artículo forma parte de Empresa Global
Nº 231 - Mayo 2023

El mensaje de las Reuniones de Primavera del FMI (10-16 de abril) apunta a un entorno caracterizado por un modesto crecimiento global de la actividad y un descenso gradual de la inflación en los próximos dos años, con los tipos de interés neutrales volviendo a niveles previos a la pandemia.

Más allá de este análisis, de las Reuniones de Primavera se desprende también que hay un gran "elefante en la habitación" [1] que sigue sin abordarse de forma decidida a la hora de formular las conclusiones sobre política económica que emanan de los informes del Fondo (World Economic Outlook, Global Financial Stability Report y Fiscal Monitor). Nos referimos a la rápida evolución del panorama geopolítico y sus implicaciones para las políticas económicas a escala mundial. La economía global está atravesando un período de cambios significativos, con una creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, tensiones geopolíticas e interrupciones en las cadenas de suministro. Estos cambios pueden derivar en una fragmentación económica global en bloques competidores, con guerras de influencia basadas en intereses estratégicos y valores compartidos.

Los cambios en la escena geopolítica global definirán el crecimiento, la inflación y los estándares de nivel de vida en las próximas décadas. Su comprensión e incorporación al análisis es crucial en cualquier ejercicio de realización de previsiones y formulación de política monetaria, fiscal, industrial, etc.

Estamos presenciando ya un cambio profundo en el pensamiento y las prioridades de la política económica. De un foco en la asignación de capital al sector privado, el libre comercio y la intervención limitada de los gobiernos, se está derivando hacia una nueva era de proteccionismo y asignación de capital impulsada por los gobiernos. La creciente atención prestada a la defensa y la seguridad por parte de los gobiernos occidentales es un factor potenciador de esta deriva. Y en la medida en que cambien las prioridades de la política económica, el sector privado deberá adaptarse a este "nuevo orden mundial". Es posible que la necesidad de anticipación empresarial se convierta, además, en un factor de potencial aceleración del cambio.

Si bien los últimos informes del Fondo dedican capítulos específicos a la fragmentación (con atención en las consecuencias para la inversión extranjera directa), en conjunto el foco en estos temas se antoja insuficiente. Es posible que el FMI evite abordar directamente estos temas dada su naturaleza política y la necesidad de extremar la cautela a la hora de tomar posiciones o proponer soluciones en temas que podrían afectar su neutralidad y capacidad para trabajar con todos los países miembros.

Más decidida está siendo la actitud de las autoridades monetarias, en particular del BCE, que da muestras claras ya de una preocupación creciente sobre las implicaciones para la política monetaria de una potencial aceleración de la fragmentación global. La presidenta de la institución, Christine Lagarde, advierte [2] de que las alteraciones de carácter geopolítico pueden derivar en una inflación más alta de forma persistente (de hecho, diversos análisis apuntan a que ya habría contribuido a elevar la inflación en el último año y medio); una menor actividad económica; una caída del comercio internacional y consecuencias relevantes sobre la arquitectura de pagos y el estatus de reserva internacional de las monedas.

Un tema clave en este entorno es la futura interacción entre la inflación y la política monetaria ante las implicaciones de un escenario de fragmentación y cambios estructurales en la oferta sobre aquella variable. Y es que más allá de mayor cohesión entre política monetaria y fiscal, y políticas estructurales orientadas a la reducción de la dependencia estratégica (para amortiguar futuros shocks en los suministros), surge la inevitable pregunta de si, ante el panorama al que vamos, tiene sentido asumir un objetivo de inflación superior. Es muy probable que este debate se abra en un futuro no muy lejano en la mayoría de los bancos centrales. Hay que estar preparados.

[1] La expresión "un elefante en la habitación" describe una situación incómoda en la que hay un problema importante y evidente que todos conocen, pero que nadie menciona o reconocer de forma directa.
[2] "Central Banks in a fragmenting world", Discurso de Christine Lagarde, Presidenta del BCE, 17 de abril de 2023. https://www.ecb.europa.eu/press/key/date/2023/html/ecb.sp230417~9f8d34fbd6.en.html

José Manuel Amor es socio de Afi

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