Si bien es cierto que la naturaleza intrínseca de la actividad aseguradora puede afirmarse que es la asunción riesgos, no es menos cierto que en la gestión de su actividad cada vez es más importante la gestión de riesgos financieros como complemento a la gestión de los propios riesgos asegurados. Esta afirmación es mucho más significativa en todas aquellas modalidades del negocio de vida asociadas a la gestión del ahorro y la previsión y en la gestión de fondos de pensiones.
La experiencia de 20 años asesorando en la gestión de estos riesgos, manteniéndose a la vanguardia de metodologías y enfoques de análisis, ayudando en la adaptación a cambios normativos y actuando como polo de referencia para numerosas entidades financieras y aseguradoras a través de las actividades formativas de la Escuela de Finanzas Aplicadas constituyen una tarjeta de presentación inigualable para nuestros servicios.
Éstos son de especial relevancia en un horizonte en el que la propia normativa española ya reconoce a las entidades aseguradoras un mayor grado de discrecionalidad en la gestión de sus inversiones, requiriendo a cambio mayores exigencias en la medición y control del riesgo. La propia naturaleza de los mercados, con productos cada vez más complejos y la anticipación de los requerimientos que incorporará el marco regulatorio de Solvencia II obligan a las entidades aseguradoras a reforzar su capacidad interna o a contar con apoyos externos para adaptarse a todas estas realidades.